jueves, 12 de enero de 2012

¿Bollera o tortillera?

- Ahora que lo pienso, si fueras lesbiana no podrías ser bollera. Bueno, podrías serlo pero no te podrían llamar así.
- No, ella sería bollera sin gluten, habría que afinar más la broma.


Puestos a afinar, y encaminados a seguir dentro de la jerga despectiva de atributos al colectivo de lesbianas, ¿por qué no se les ocurrió aquel otro apelativo de tortillera?
Eso sí que sería del todo correcto para alguien que quisiera hacer la 'broma' a una lesbiana que fuera celíaca. Tortilla, por lo menos si se hace a la española: 100% sin gluten, lo mires por donde lo mires. 
Ingredientes: patatas, huevos, cebolla -esto siempre es muy discutido-, aceite y sal. 
(La del bollo sin gluten ya es algo más complicada).
Pero aclaro, por las histerias derivadas del desconocimiento en ciertos círculos, que a un celíaco (en este caso celíaca) se le puede llamar bollera sin peligro a reacciones inmunológicas, ya que los peligros con este tipo de adjetivos se relacionan más a otras reacciones no intestinales.

sábado, 7 de enero de 2012

El regalo del roscón: otra 'exclusividad' navideña

-El regalito para la niña que ella no puede comer roscón.

Esta frase ha sido la que más he escuchado en las comidas familiares en cuanto se descubría el regalo del roscón de Reyes. Sí, la niña, era y sigo siendo yo. Mi premio de consolación por no poder comer roscón era la figurita sorpresa que contenía el dulce real.
El que fuera celíaca, en mi casa cambió la tradición de que pagara el dulce a quien le tocara la figurita - que no sé si de verdad esta norma se ha seguido en algún momento-. Todos salían ganando: el malestar que causaba encontrarse el regalito se diluía porque ahora era 'para la niña'. Cuando era pequeña, aun tenía su gracia y su sentido. Además las figuritas de hace unos años eran mejores, o quizá la memoria me esté haciendo una jugarreta y, al ser una niña, lo recordara con más cariño, pero también con cierta amargura. Todos tomaban un dulce increíble, espectacular, que devoraban incluso cuando decían que estaba seco porque lo sumergían en enormes tazones de leche. Sólo me consolaba algo cuando lo habían rellenado de una nata muy mala o cuando estaba muy seco y no había leche con la que solucionarlo, que era cuando mi madre, no sé si por apoyo moral -madres, su amor no entiende de fronteras-, o porque era verdad, me decía:
-No te pierdes gran cosa, no está muy allá.
Y mientras, estuviera malo o no, yo me quedaba a la espera de la recompensa, o de la parte del roscón que sí 'podía tomar': la figurita.
Con los años han sacado roscones sin gluten, e incluso hay recetas más que perfeccionadas para hacerlos en casa. Pero por dejarlo pasar y agotarse en las tiendas, por hartazgo de tanto dulce o simplemente por dejadez, al final, siempre me he quedado sin tomar roscón.
Eso sí, lo que no ha cambiado con los años es el acto interiorizado de pasarme el 'premio' en cuanto es descubierta por algún cuchillo que intenta cortar, sin resultados, un trozo de roscón de un solo corte. Ya no espero con ansia el momento, ahora simplemente aguanto el trago, porque sé, que aunque con menos ímpetu por la edad, ese regalito siempre llega a mis manos como consuelo, ya como tradición familiar.
Sí, este año también ha llegado. Esta vez una mariposa... 
Lo dicho, aunque sigan siendo mi 'premio de consolación', me dejan con la misma insatisfacción que hace años.

Los dulces (exclusivos) de Navidad

-Felices Fiestas y que comas muchos dulces... si puedes, porque puedes comerlos ¿no?

No todos los dulces típicos de Navidad, pero sí unos cuantos, que no son pocos.
Afortunadamente hoy en día muchas marcas de turrones se han subido a la 'conciencia' (o mercado) de hacer sus productos sin gluten, o más bien a evitar, que aquellos que no llevan por su composición,  se contaminen, eliminando la temida contaminación cruzada.
Porque si hacemos recuento, y centrándonos en los típicos, típicos (no las mil y una variedades que sacan cada año perfeccionando cada vez más la dificultad de elección, más que la calidad) sólo tendríamos que eliminar:
Los polvorones, los mantecados, aquellos con oblea (de trigo), y otros tantos a los que pudiera afectarles la contaminación cruzada (por fabricarse en el mismo lugar donde se manejan harinas de trigo y demás).
Eso sí, esto es ahora, pues por falta de información de las empresas sobre la celiaquía, y por falta de conocimiento de los celíacos del proceso de producción de los productos, hace unos quince años 'nuestro colectivo' sólo podía consumir con total seguridad los turrones de la marca 1880. Sí, al oir el nombre a la mayoría les resuena en la cabeza aquel eslogan que sentenciaba -y que lo sigue haciendo- '1880: el turrón más caro del mundo'. ¡Y tanto que si lo era! Ni qué contar cómo resonaba luego el precio en el presupuesto navideño.
La razón de esta única opción tan 'selecta', era que hacían el turrón duro (la torta imperial) con obleas de maíz, y por tanto, la contaminación que recaía sobre el turrón de Jijona, era inofensiva para los celíacos. Por tanto, a pesar de que se pudieran tomar turrones de chocolate (no el de Suchard, que te arriesgabas y aún lo haces a que tuviera trazas de gluten) o yema de otras marcas, si querías alguna de aquellas dos variedades sólo podías optar por ser el más selecto de la tienda y comprar 1880.
Hoy en día ya no somos tan exclusivos -¡menos mal!, una cosa menos de la que presumir- y muchas otras marcas, como comentaba al principio, se han sumado a esta 'exclusividad', haciendo así que ser celíaco en Navidad no sea un problema, ni te haga tener la exclusividad turronera.
Por no comentar las novedades en productos sin gluten de aquellos que por su composición, antiguamente, estaban forzados a llevar gluten (por la harina de trigo). Ya hay variedades sin gluten de polvorones, mantecados, turrones de todos los tipos (incluso de esas novedades imposibles) y hasta roscones... Aunque hay que decir, que muchos de ellos, sin demasiado logro. Pero no vamos a quejarnos, algo es algo.

Los celíacos también se pueden sumar ahora a los atracones variados de dulces navideños, como el resto de los mortales. ¡Qué bien!... ¿O no?...

martes, 13 de diciembre de 2011

Nada VIP en VIPS

Entré en un restaurante VIPS para cenar, como tantas otras veces. Pero en esa ocasión pediríamos comida para llevar. Como la temática del día iba de pizzas, y aprovechando que esta cadena de restaurantes ahora dispone de unos cuantos platos sin gluten -como sándwich mixto, lasaña o pizza-, me decidí a pedir la carta sin gluten.

-Me da una carta sin gluten por favor, para ver qué tienen.
-Un momento que la encuentre...
En fin, cosas que pasan si las personas celíacas no son clientes asiduos. Una vez con ella en la mano, nos dispusimos a pedir. Primero pidió mi acompañante sin problemas. Pero cuando llegó mi turno:
-Para mi una pizza sin gluten (no hacían falta más especificaciones, sólo hay una -fácil, fácil-).
-¡Ay! No. Un momento, si es sin gluten se lo tiene que pedir a mi compañera.
-¿Perdón?
-Yo no soy personal autorizado, tengo que llamar a la jefa.
-En fin.. pues espero.
Al llegar 'su compañera autorizada', que se trataba de la jefa superior, volvió a tomar nota primero a mi acompañante y para terminar mi plato: la pizza sin gluten.
-Todo para llevar, por favor -recordé antes de que se marchara-.
Entonces paró de escribir, me miró con cara de lamentación y dijo:
-¡Ay! No. Si es una pizza sin gluten no se lo puedo poner para llevar.
-¿Perdón?¿Por qué?
-Porque no estamos autorizados a manipular los productos sin gluten.
-Sólo le estoy pidiendo que me lo ponga en un plato de plástico para llevar, en lugar de en uno normal. No que la tenga que tocar.
-No, pero es que no podemos manipularla.
-Si sólo la tiene que poner con unas pinzas en el plato de plástico.
-Pero es que ya hemos recibido llamadas de atención.
-No sé qué le habrán dicho, pero le estoy pidiendo la pizza para llevar. Sin tocarla, sin mezclarla con nada más. En un recipiente para llevar.
-Pero es que no puedo...
Después de una retahíla de diálogo de ping-pong, harta, cansada y molesta por aquella forma de controlar lo que una persona celíaca puedo o no tomar, como si de un ex-alcohólico o un nuño castigado sin su golosina se tratara, zanjé varios minutos de idas y venidas dialécticas con una frase contundente, aunque algo salida de tono:
-Vamos a ver, ¿va a explotar la pizza cuando salga por la puerta del restaurante o algo así?
-No, pero es que no puedo.
-Vale. Pues imagínese que es para él -dije señalando a mi acompañante-. Como si fuera para él que no es celíaco. Ya me la va a poner ¿o no?
-Si lo hago es bajo su responsabilidad.
-¡Por su puesto!¡A estas alturas con que no explote me conformo!
-De acuerdo -dijo mientras se dirigía a por el pedido-, pero reitero que no nos hacemos responsables.

Al final, me sirvió la pizza sin gluten para llevar. Eso sí, bajo mi responsabilidad, ella no quería hacerse responsable, aun no sé muy bien de qué. Pero he de admitir que salí con cierto miedo del restaurante, casi con la tensión del que espera escuchar un estruendo, aunque lo único que percibí fue el sonido mecánico de las puertas automáticas que se abrieron a mi paso al salir del VIPS.

Este tipo de actitudes de escrupuloso control tanto alimentario como psicológico sobre los celíacos es, aunque a muchos de nosotros nos moleste, algo de lo más común. A veces se hace difícil mantener el equilibrio entre el control de la contaminación por gluten en la dieta por parte del personal de los restaurantes, y el posicionamiento paternal de control sobre el celíaco, interpretando que hay que salvaguardar su dieta, sin tener en cuenta que el celíaco, y más si es adulto, es perfectamente capaz de gestionar su dieta.

Por otro lado, decir que la comida sin gluten ofrecida por el VIPS, es bastante escasa y no de demasiada calidad, a pesar de que sea un punto a su favor para que las personas celíacas puedan comer sus productos fuera de casa. Pero desde la experiencia propia, aconsejo elegir platos que por la naturaleza de sus ingredientes no tengan gluten, aunque nunca está de más avisar al personal de que se es celíaco. Creo que si la comida es para servir en el restaurante no oponen tantos problemas, pero no lo puedo garantizar, ésta fue la primera vez que decía en un restaurante de esta cadena que era celíaca, y después de mi odisea, de momento, ha sido la última. Lo de probar suerte, por si acaso cambia la situación, ya lo dejo 'bajo la responsabilidad de cada uno', yo no me hago responsable.*

*Ocurrió hace unos meses, pero en la Asociación de Celíacos de Madrid publican que se han modificado los modos de actuación tras muchas quejas acumuladas. Espero que sea verdad. Lo publicaré.

domingo, 4 de diciembre de 2011

¿De qué están hechos los churros?

En el final de esas noches en las que se está haciendo tarde incluso para llegar pronto a casa, parece ser condición sine qua non desayunar para no tenderte con el estómago vacío en la cama y caer en un sueño al que el hambre dificulta la digestión alcohólica. Si las primeras luces del día se asoman tímidamente, por lo menos en Madrid, se opta por el café con churros, aunque si la localización lo permite y el sentimiento castizo apremia, se cambiará el brebaje por la espesura del chocolate caliente.
Hasta aquí todo correcto, familiar o incluso recordatorio. Pero no si eres celíaco. En el plan hay un fallo, el protagonista de la historia: los churros. Es un manjar que para los de mi índole sólo se nos permite catar en el hogar (salvo rarísimas excepciones - que las habrá- pero  que yo aun no tengo el gusto de conocer). ¿Por qué? La respuesta parece clara: harina de trigo.
Porque sí, los churros están compuestos mayormente de harina de trigo, y sí, grasa, mucha grasa, por eso están tan buenos. Pero ésto, no tiene por qué ser vox pópuli. ¡No! De lo contrario, nunca habría tenido esta conversación:

-¿¿No comes churros??
- No, no puedo. Ya sabes, yo y mis 'manías' con la comida.
-¿¿También tienen gluten??
- Eh... sí, claro.
-No sabía que los churros se hicieran con gluten...


Por ello, me parece necesario hacer pública la siguiente receta. Puede que se eviten muchas reflexiones innecesarias de madrugada:

CHURROS
  • 1 parte de agua caliente
  • 1 parte de 'gluten' (si eres celíaco sustitúyelo por harina sin gluten)
  • una pizca de sal
  • azúcar (opcional)
  • bebida para acompañar su ingesta
Preparación:
Se calienta el agua, momento en el que echamos la pizca de sal.
Se coloca en un bol la harina (con o sin gluten) y se vierte el agua caliente.
Se mezcla bien hasta tener una masa homogénea -es bastante difícil de manejar y muy pegadiza-.
Colocamos la masa dentro de una máquina de hacer churros. (Podemos saltarnos el paso y freír directamente la masa en pegotes, pero es mejor dejar esta parte para la masa restante que sobre en la churrera).
En una sartén, ponemos abundante aceite y calentamos a fuego fuerte para freír los churros, dándole cada uno la forma de churro que su destreza mejor le permita.
Después de darles la vuelta para que se frían por los dos lados, se sacan y se colocan en una bandeja con papel de cocina absorbente...Listos! 
¡Ah! No olvidéis el paso de los pegotes con la masa que haya quedado sobrante en la máquina.
Pueden acompañarse de azúcar o mojar en el brebaje elegido para el desayuno, la merienda o la comida de turno afortunada.

Hete aquí el secreto de los churros... una desilusión para más de uno ¡seguro!

domingo, 27 de noviembre de 2011

Relaciones incompatibles por un horno

-Soy celíaca.
-¿Celíaca? Pues vaya...
-No es para tanto, te acostumbras. 
-No, si no es porque sea malo, es que no le vas a gustar a mi madre.
-¿Cómo?
-Mis padres tienen una panadería, de hecho, la más grande de la ciudad. Si te llevara a casa y le dijera a mi madre que eres celíaca, la escena más o menos sería la siguiente:

- Mamá te presento a mi novia, pero no le pongas pan para comer que es celíaca... no puede comer pan, ya sabes...'. 
- Pero hijo, y tu padre ¿qué va a decir?
- Lo sé mamá lo sé... no come pan.
- ¿Pero tú, tú, tú de verdad la quieres?

 
Si la familia suele ser un problema en los asuntos de pareja, en ese caso lo habría sido mucho más. La celiaquía no es, ni de lejos, una garantía para escapar a las trabas de los suegros. Y ni mentar, en este caso, el tema del pan sin gluten o la idea de comer sin pan.

Pizzasana, Madrid

 No sé si será sano o no comer sin gluten, pero se agradece que una franquicia de pizzas, cuyo lema es que 'Pizza no tiene por qué ser sinónimo de comida rápida, los alimentos también pueden ser saludables y compatibles con cualquier dieta', incluya al sector celíaco entre sus posibles clientes. 

Si quieres un restaurante donde (¡por fin!) comer pizza sin gluten fuera de casa sin tener que aferrarte a las opciones de bacon-queso y cuatro quesos que (salvo honrosas excepciones) se suelen ofrecer, en Madrid hay una alternativa: Pizzasana.
Este restaurante apuesta por la comida sana, la dieta equilibrada y los alimentos naturales. Dentro de su plato principal, que como no podía ser de otro modo son las pizzas, tienes una amplísima variedad donde escoger. Primero tendrás que elegir entre los cuatro tipos de masa fina que ofrecen: de trigo, ecológica integral, sin gluten o sin lactosa (además el precio no varía entre masas). Y después queda lo más difícil: escoger los ingredientes. Hay más de 20 variedades: suprema, nórdica, nicanora, thai, marroquí, napolitana, isabella, toscana, al gusto, vegetal, mediterránea, piamonte, ananas, 4 fromaggi...
Además, dentro de su compromiso con la dieta sana, al lado de cada pizza se dan ciertas indicaciones sobre su aporte de fibra, proteína, energía, vitaminas y calcio, entre otras. 
Pero hay más variedad en la carta como alternativa, o para completar: ensaladas, nachos, canapés. Sin olvidar el postre!
Con la variedad de masas, aquello de ser 'especial' por pedir el plato sin gluten, queda relegado para otra ocasión. En este restaurante, la normalidad ante el gluten y el conocimiento sobre el mismo por los empleados, hacen que la visita no sólo sea agradable al paladar, sino libre de preocupaciones por la dieta.
Una comida ligera y saludable que quizá se vea potenciada por otro punto a destacar: el decorado. Mientras disfrutas de la comida, en un entorno de blancos, rosas y verdes manzana, podrás leer en sus paredes curiosas y acertadas sentencias referentes a la alimentación y la salud. ¡Que la originalidad también se agradece! 

Y para mayor seguridad, decir que Pizzasana, para llevar a cabo el compromiso de hacer compatible la dieta para todo el mundo, sin importar sus necesidades, colabora con la Asociación de Celíacos de Madrid. Así como con otras asociaciones -dentro de su compromiso social- como con la Asociación Vertidos Cero, dentro de su plan de sostenibilidad.

Para conocer más detalles sobre Pizzasana conecta con: Pizzasana