lunes, 11 de marzo de 2013

La patata, o las similitudes temporales con un vegetariano

Si tienes celiaquía, lo más seguro será que reniegues de los parecidos que a veces quieren establecer entre nuestra alimentación y la de los vegetariano o veganos,  a no ser, claro, que también lo seas.
Cierto es que las diferencias son claras:
  • La celiaquía no es una elección.
  • Saltarse la dieta sin gluten conlleva el desarrollo de la enfermedad (aunque bien es cierto que al haber eliminado los productos cárnicos de la dieta -en el caso de los vegetarianos-, su consumo posterior puede acarrear dificultades digestivas).
  • Lo que un celíaco no puede comer se centra en ciertos cereales (trigo, centeno, cebada y -probablemente- la avena), justo un grupo que vegetarianos y veganos pueden consumir. Además, afortunadamente la carne, el pescado, los huevos, la leche, etc, etc, sí que pueden consumirse dentro de una alimentación sin gluten.

Sin embargo, en ocasiones, las pocas similitudes entre celíacos y vegetarianos unen más de lo que nos  pueden separar las diferencias. 
Hay dos situaciones claras:
Una es en los momento en los que no se encuentra un menú sin gluten/vegetariano o no se entiende el problema/dieta. Sufrir un mismo problema hace empatizar con las dificultades del otro grupo aunque las causas sean diferentes.
Otra es en el momento en el que la solución a los problemas de ambos grupos coincide traducido en un mismo menú sin gluten/vegetariano. En este blog se han comentado ya varias situaciones en aviones o verbenas
Pero el momento en el que fui más consciente, fue en el momento en que la dificultad y la solución se dieron en un mismo punto. Estaba tomando unas cañas (yo vino) con un amigo vegetariano, cuando, de tapa nos pusieron una patatas con pimentón.

-Vaya, de las pocas veces que no tengo problemas porque me pongan carne en una tapa.
-¿De verdad? Yo iba a decir lo mismo, pero con el pan. -Por fin un hilo de unión con un sector que creía tan lejano-.
-La patata me ha salvado en más de una ocasión: ni croquetas, ni empanadillas (por lo general), ni montados con embutidos... Bueno, con los montados me como el pan.
-Yo con los montados me como lo de arriba... 

Pequeñas coincidencias, aunque antes o después acaban surgiendo nuestras diferencias.


martes, 5 de marzo de 2013

No, tampoco soy vegetariana


Con la evolución de las tecnologías y las redes sociales, que un amigo te envíe fotos con carteles donde aparecen los emblemas de 'sin gluten' o 'celíacos', es de lo más normal. Aunque a pesar de la variedad recibida, siempre hay algunos que llaman más la atención que otros.
Un claro ejemplo es el que se muestra al comienzo de esta entrada, una foto enviada desde un festival de música: comida para vegetarianos y celíacos.
Es una solución estupenda, ya que son dos menús que a veces son difíciles de encontrar en las ferias/festivales/verbenas, debido a que la oferta gastronómica -según el caso- se reduce a bocadillos y/o carne.

Al principio reniegas del parecido, pues hay mucho alimentos como carne, pescado o huevos (según el tipo de dieta vegetariana que se siga) que un celíaco puede tomar, y no otros como el trigo o el centeno, los cuales un vegetariano sí podría consumir. Pero bien es cierto que hay situaciones en las que las opciones de comida de un vegetariano son las mismas que las de un celíaco (las tapas de patatas en un bar, por ejemplo). Sin embargo, aunque se den estas casualidades, no conviene confundir ser vegetariano con ser celíaco.
Si no, pueden darse confusiones como servir ensalada de pasta o pan integral, al confundir el hecho de no poder comer gluten, con el de ser vegetariano, como me ha pasado alguna vez.
Es más, la diferencia vuelve a surgir en ese mismo cartel, cuando, tras haber encontrado un lugar en el que tanto un vegetariano como un celíaco puedan comer, el vegetariano podrá echar mano de un mendrugo de pan para empujar tanto el hummus como el guacamole, mientras que el celíaco se encontrará sin acompañamiento con el que pasar los manjares (a no ser que también pensaran en ello y no se reflejara en el cartel). Y por más que una cuchara pueda ser una solución de lo más válida, tal vez le empache algo más las viandas al celíaco que al vegetariano.

Dedicado a Dufor, que siempre me mantiene informada de los carteles de celíacos a través del envío de fotos ;)

jueves, 21 de febrero de 2013

Representación gráfica del mito de Mercadona



El tema de Mercadona y los productos Hacendado cuando se habla de celiaquía (sobre todo entre personas que no están directamente relacionadas con ella) es ya un tópico:
-En Mercadona todo es sin gluten. (dicen unos)
-Pues Mercadona te habrá solucionado la vida. (afirman otros)

Y lo cierto es que Mercadona, si bien ha ayudado a que la gente sepa lo que es el gluten (o por lo menos que sepa de su existencia), el etiquetado -en ocasiones innecesario- que realiza en sus productos, a veces lo que genera es más confusión. De hecho, la moda (o estrategia de venta) se ha extendido y esta costumbre la están realizando también otras cadenas como Eroski.

En la línea del chiste, más bien me inclinaría por proponer como reto encontrar en el Mercadona productos con la etiqueta 'sin gluten', que realmente necesiten llevarla, ya que con esta moda del gluten se puede ver cómo conservas de verduras o de pescado al natural, zumos, leche o mermeladas, se los viste de gala con la famosa etiqueta cuando -por su composición y naturaleza- no llevan gluten. Y de llevarlo por los procesos de manufactura, sería de preocupar, aunque en la actualidad parece que las trazas nos persiguen (ya no sólo a los celíacos).

Ya fuera del chiste, afirmar, confirmar y reafirmar que no todos los productos del Mercadona son sin gluten, aunque sí muchos de ellos. Que luego se dan confusiones y malentendidos como con el caso de la pasta de trigo o el helado con cookies de la marca Hacendado.


PD: quede por delante que el chiste tiene su gracia. ;)

lunes, 18 de febrero de 2013

Las hormigas no tienen gluten

-Acabo de volver de Venezuela y te traje una cosa de allí... sin gluten!!
-¿Ron?
-No, bombones de bachaco limonero y de picante de Katara.


Efectivamente, entre los productos venezolanos que no llevan componentes con gluten no sólo está el ron, o las deliciosas arepas hechas con harina de maíz, sino que el bachaco limonero y el picante de Katara tampoco llevan gluten: son hormigas. Y no: las hormigas no llevan gluten.

En los bombones de bachaco limonero se aprecia el crujiente de las hormigas, cual semillas, sin que pueda diferenciarse con la vista ningún atisbo de pata, cabeza o abdomen, y su sabor se pierde con el intenso aroma del cacao.
Por su parte, el picante de Katara se obtiene a partir de hormigas culonas, las cuales sólo dejan un intenso picor en la boca que contrasta con el sabor del chocolate.

En ambos casos, la vista es engañada, dejando paso al gusto, el olfato y el tacto para poder disfrutar de estos bombones customizados con alimentos típicos de la parte amazónica de Venezuela.

Un dulce muy exótico sólo aptos para catadores sin complejo, sean o no celíacos.


viernes, 8 de febrero de 2013

Pan sin gluten en panificadora: la clave y el tópico

-Te he comprado una panificadora.
-Gracias, aunque no sé si la usaré mucho... no suelo comer pan.
-Si con esto es muy fácil y ¡mira!, hay un programa específico para pan sin gluten. 

En el tema de las panificadoras hay que atender a dos topicazos:
El primero de ellos es que existe la falsa creencia de que todos los celíacos nos hacemos el pan. Antes era la primera que renegaba de la idea de que todos tenemos una panificadora en casa. Más que nada, porque, como muchos otros celíacos, por la falta de costumbre de comer pan en las comidas (porque comes fuera de casa, o por el alto precio del mismo) acababa reservando el tema del pan para tostadas y bocadillos.
Pero ahora, aunque tengo una debido a un regalo, he de comunicar que no todos los celíacos tienen una. Además, con la panificadora también cambió eso de 'casi no comer pan'. El celíaco no es que no esté acostumbrado a comer pan... es que el que se vende precocinado no le llega ni a la base de la corteza al que se puede conseguir en una panificadora.

Y es que la panificadora lo cambia todo por tres motivos:
-No CUESTA NADA hacer pan (la máquina amasa y hornea el pan, sin invertir casi tiempo ni ensuciar).
-No CUESTA TANTO hacer pan como comprarlo ya hecho (sale más rentable la harina que el pan ya hecho).
-Está infinitamente MÁS RICO que el que venden (si das con el programa adecuado).

Pero hay otro topicazo peor que el de tener una panificadora, o más bien engaño. El de que las panificadoras piensan en los celíacos porque tienen un programa sin gluten: NO SIRVE PARA NADA.
Sobre éste no es que no haya cambiado mi opinión al tener una panificadora, sino que se ha consolidado tras muchos intentos de que no fuera así.
 
En mis primeras indagaciones con esta máquina y bajo las órdenes del progama 'sin gluten', el pan siempre salía aplastado, hecho una pasta y sin mejoras respecto al pan envasado. Pero tras varias pruebas y experimentos fallidos, la casualidad (como en todo descubrimiento) me llevó a pulsar el programa de pan integral. Fuera por la casualidad, el tiempo de amasado y fermentación que se adaptan mejor a la harina sin gluten, o la alineación de planetas, el resultado fue un pan sin gluten con miga, tierno y  tan alto como para aplastarse contra la tapa de la panificadora.

Otra vez más, y fuera de los productos gastronómicos, se demuestra que lo de la etiqueta 'sin gluten' a veces persigue más una estrategia de venta que una preocupación por los celíacos y sus necesidades.

Aquí la receta completa: 
Receta del pan sin gluten para panificadora

Pd: la panificadora es de la gama de electrodomésticos Carrefour. Tal vez el programa de 'sin gluten' cambie de unas marcar a otras, lo mejor, si ese programa no se adapta del todo a la harina sin gluten, es probar con otros diferentes.

miércoles, 30 de enero de 2013

Las trazas: consecuencias de la manufactura

Esta semana comenzaba, entre otras, con esta noticia:
"Se han encontrado trazas de carne de caballo en diversas hamburguesas a la venta en supermercados""La OCU denuncia que han encontrado trazas de equino y sulfitos en algunas de las hamburguesas analizadas, sin que lo especifique en la etiqueta"

Ante la cual se producían reacciones del tipo:
"¿Cómo puede haber carne de caballo en una hamburguesa de ternera?"
"No me explico cómo no lo pone en la etiqueta, están engañando al consumidor"
"No sabemos los que comemos, ya nos meten de todo en la comida"

Para una persona que no es celíaca, puede ser normal esta reacción, pero para una que lo es el tema de las trazas no pilla por sorpresa y ni mucho menos debería asustar.
Efectivamente, la mayoría de las personas no sabe lo que come, ni la cantidad de componentes que se pueden sumar a un alimento en los procesos de manufactura.

Las trazas aparecen cuando en una misma máquina se procesan diferentes alimentos (por ejemplo en el caso de la carne, que se hayan cortado en un mismo lugar equino y ternera) o cuando en una misma fábrica se manipulan diferentes harinas (como en el caso de los productos en los que se avisa que no son recomendables para celíacos porque se han procesado en fábricas donde también se fabrican productos con harina de trigo).
Las dichosas trazas, en el caso de los celíacos, acompañan a la dieta (y a la vida) de éste convirtiéndose en algo cotidiano. Por ello, se agudizan los sentidos y se amplían los conocimientos en torno al mundo de los productos manufacturados, sin que este tipo de noticias 'equinas' nos sorprendan demasiado.

El etiquetado de los alimentos, debido a las mejoras en la normativa y a la implicación de las empresas, ha mejorado notablemente en los últimos años. Antes, cuando un tomate frito -por ejemplo- llevaba almidón, no sabíamos si era de trigo, de arroz, de maíz, o de cualquier otro tipo. Hoy, sabemos incluso si ese producto pudiera llevar trazas de soja, sulfitos u otros elemento 'raros' que jamás imaginaríamos que fuera a llevar en un primer momento un producto como el tomate frito.
Por esta jugarreta de las trazas, un celíaco puede que deba abstenerse de consumir productos 'inofensivos' en un primer momento como una infusión (de momento sólo lo he visto una vez en en el poleo de la marca Eroski-por contaminación cruzada durante la recolección en los campos-), un chocolate (porque esa marca tenga un producto con galleta) o una torta de maíz (porque realicen también tortas de trigo), ya que se procesan en lugares donde también se manipulan productos con gluten, produciéndose la contaminación cruzada (lo cual genera ese 'puede contener trazas' o el 'manipulado en fábricas que...' aunque por la naturaleza de esos productos no contengan gluten).

Aunque, volviendo al tema de saber o no lo que se come, en ocasiones una persona celíaca no puede consumir un producto no por trazas, sino por el uso directo de harinas con gluten como ingrediente, como es el caso de algunas de esas hamburguesas de las que tanto se habla estos días. Para un celíaco no sería mala por los sulfitos o la carne de equino, ni porque esos ingredientes no se citaran en la etiqueta, o por la cantidad de grasa y sal que dicen que tienen, sino simplemente porque se utiliza harina de trigo en su proceso de elaboración...
A la vista de los componentes, siendo celíacos o no, al final va a ser mejor opción comprar la carne picada de toda la vida, en lugar de hamburguesas manufacturadas -y no porque lleven equino-.

viernes, 25 de enero de 2013

Madrid Fusión, o con qué se sirven las catas

"Lo vas a pasar fatal cuando tengas que hacer una cata, todo lo ponen con pan"
Éste era el aviso que me hacían varias personas al comentar mi situación de 'celíaca' antes de acercarme por Madrid Fusión. Tanto me hizo reflexionar éste comentario que cambió hasta mi visión al entrar en la cita gastronómica celebrada en Madrid durante los días 21, 22 y 23 de enero. El problema que me planteaban era totalmente factible: un celíaco no tiene problemas con la comida, en la mayoría de lo casos, puede tenerlo más bien con los soportes en los que se sirve.
Pero la sorpresa en esta ocasión fue mayúscula. No había alimentos con gluten como soporte, más que en alguna mermelada, en bocadillos -lo cual era obvio-, y en algún rincón como acompañamiento a ciertas catas. El resto se configuraba en un universo de palillos, cucharas de todo tipo y forma, vasitos, copas e incluso la herramienta más antigua: las manos (con servilleta incluida, por supuesto).
 
La lista de alimentos que podía catar resultó ser igual de larga que suculenta: queso brie con flor de sal y trufa en Lactalia Foodservice; salmón salvaje marinado en Alaska Food; jamón de Guijuelo en Carrasco; boquerones con soja en Sempio; cebolla echalión en Aparici; frutas y queso en el stand de Minas Gerais (Brasil); café 100% arábica en Cafés Baqué; caviar en Nácarii; una larguísima lista de vinos en el espacio de Enofusión; torta del Casar; caviar con espuma de limón de Riofrío; una nueva bebida refrescante llamada Pinkcow; podría haber probado incluso -si atendemos a la ausencia de gluten- agua de mar embotellada en Mediterránea, aunque esa mejor probarla en un arroz ya cocinado...

Qué duda cabe, que aquellos que no puede degustar, bien por estar sobre algo con gluten, bien por contener gluten, o por saturación, los disfruté a través de la vista y el olfato, tanto, que aún tengo en la pituitaria los aromas que se desprendían de las cazuelas de las demostraciones así como de las bandejas que circulaban por los pasillos y mostradores.
Queda demostrado la gran variedad de productos que un celíaco puede tomar, aunque lo admitiré, los soportes elegidos para dar a catar facilitaron bastante la 'pequeña' limitación que en ocasiones supone no poder tomar gluten.